martes, 28 de octubre de 2008

Gabriel



Muchas veces me sentaba en la ventana que da a la calle principal. Miraba como paseaba la gente, apresurada, lenta, cogidos de la mano. Me mordía los labios de rabia, hasta sangrar, hasta sentir el dulce sabor de la sangre.
Aquel día me tocó dar el paso, tenía que hacerlo, atreverme. Había planeado durante días, semanas, meses, ir a tu casa, llamar y conocerte.
Pensaba que con eso mi dolor y mi soledad desaparecerian, que me dejarías quedarme entre tus brazos, en tu desnudo pecho.
Me dirigí al autobus, tu casa está lejos de mi casa. "Me querrá", "me amará" , pensaba mientras esperaba en la estación. "Seguro que sus ojos son tan bellos, profundos, sinceros. Su piel debe ser suave y su voz melodiosa, y esos labios llenos de vida, de amor..."
La sonrisa brotaba en mi boca, todo me parecia eterno. Para siempre. Me conformaba con olerte, con poder abrazarte.
Al final subí al autobus, despues de un rato llegué a tu casa. Alli estabas, esperandome. Estaba tan nervioso intentando recordarte, intentando recordar aquellas fotos que tenía de ti. Se me olvido abrazarte, estrecharte en mis brazos, besarte bajo la luz de las farolas. Que tonto fui, si hubiese sabido que esa era la primera y la última vez que te vería... si hubiese sabido que el olerte, lamerte, besarte, abrazarte sentirte dentro, y fuera de mi sería lo más efimero en mi vida... jamás hubiese ido a tu casa, jamás te habría mirado frente a frente, jamás.
Nos besamos a oscuras, senti tus dedos, tus manos tu cuerpo en mi cuerpo, tus labios en los mios, nos amamos. Como dos desconocidos. Intentamos ser uno. Sudamos. Olimos. Besamos. Llegamos al extasis del amor. Nos dormimos abrazados.
Sonó el reloj, te veia dormir, me vestí rapidamente, la mañana era fresca. Mi cuerpo olia a ti, olía a placer. No podía compartir mis sentimientos contigo. Me era imposible. Como hacer para que me dieses una segunda oportunidad.
El reloj volvió a sonar. Era la hora de partir. Debía quedarme, ofrecer mi día para estar contigo, para poder disfrutar de ti, para que tu pudieses disfrutar de mi? Cobarde. Fui un cobarde.
Te levantaste, nos terminamos de vestir y tomamos un café juntos. Intenté hablarte, contarte que necesitaba estar contigo, que necesitaba tu risa, tus caricias. Pero no pude.
Me acompañaste al autobus, nos dimos dos besos en la mejilla y nos despedimos. Miré hacia atrás y ví como te alejabas, como se alejaba una parte de mi vida, como perdía un gran amor.
Condené mi alma Gabriel. Condené mis sueños, mis esperanzas.
Las acribillé, las maté. Tu te alejaste para no decirme nada. Para no verme morir. Para no tener que mentirme, y decirme que no me amas.
Volví a mi casa. Solo. Esperando noticias tuyas. Impotente. Desquiciado. LOCO.
Tu cuerpo es mi prisión, mi celda. Me encuentro encerrado en tu recuerdo. Encerrado en tu silencio.
¿No me oyes Gabriel?, ¿no oyes cuando te grito y te pido clemencia, cuando te pido perdón?
Moriré. Ahora me toca morir. Y cuando resurja de mi tumba, seré una persona nueva. Renaceré, sans peur, sans douleur et sans haine

domingo, 26 de octubre de 2008


Creo que he perdido tu dirección, por eso no te mando mensajes, ni te llamo por teléfono.

Como son las cosas, aun espero encontrarla por ahí, igual en la papelera o en algun rincón de mi habitación.

Seguramente me lo he dejado olvidado en los calzoncillos y la lavadora los ha embullido hasta transformar todo en una pasta blanca y deforme.

De todas maneras ya sabes lo que pensaba de las relaciones a distancia, que no funcionan, que al final nos aburrimos y solo aprovechamos los momentos calidos para hacernos ilusiones. Que cosas tiene la vida, la última vez que te ví pude tenerte entre mis brazos pero te me escurriste como un trozo de hielo en los labios. Asco de vida, se cambia todo por una maquina de retratar.

Por cierto aún tengo una gorra y un trozo de momentos entre mis sábanas por si vuelves a por ello.

Post data:riega las plantas el día que vuelvas.

sábado, 18 de octubre de 2008

LUNES



Son las 03.00 hrs de un lunes cualquiera, en la calle, la luna enseña su pálido color, fria, temible. Un colgado emprende la vuelta a su casa, sube por la empinada cuesta del pozo, se para varias veces a mirar si le queda un cigarro en su chaqueta de pana gris. En todas las ocasiones se da cuenta que no, no le queda tabaco, y remata la faena con un cagüen dios. Al llegar a la esquina del pozo se acerca a una pared y orina mientras silba una canción, pegadiza, de esas de transnochados veranos.
Un gato negro se cruza en su camino, su andar es rápido, casi sordo. Huele un rincón. Los perros empiezan a ladrar al percibir su olor, de pronto todo se queda en calma. En silencio. El hombre sube su cremallera y vuelve a ponerse en marcha por la dura cuesta del pozo. ..